EVALUACIÓN DEL USO DE ACEITE DE EMÚ VERSUS ÁLOE VERA GEL EN CICATRIZACIÓN DE HERIDAS EN CANINOS
REVISIÓN BIBLIOGRÀFICA
Herida
Es el área donde queda interrumpida la continuidad anatómica celular entendiéndose por una solución de continuidad de las cubiertas externas del cuerpo, de revestimiento mucoso o de la superficie de los órganos (Rivera, 2006).
Una lesión tisular es el común denominador de toda herida quirúrgica, afecta al organismo en diversas formas, incluyendo pérdida local de sangre y líquido, dolor con estímulos neurales eferentes hacia el cerebro, órganos endocrinos y la liberación de productos celulares hacia la circulación (Rivera, 2006).
La mayor parte de heridas curan hasta lograr integridad tensil, entendiendo por integridad tensil a la recuperación de una superficie de resistencia tensil en el propio tejido de manera que puedan suprimirse los apoyos artificiales. Esto puede significar la supresión de puntos de sutura en la piel, la curación de vasos sanguíneos o líneas de sutura visceral. En todas las heridas hay una alteración metabólica continua que dura semanas, meses o incluso años después que el proceso de curación ha logrado la integridad tensil recuperada (Rivera, 2006).
Clasificación de las heridas
Herida limpia: es aquella herida en donde no se observa infección y no existen errores en la técnica aséptica. En el proceso quirúrgico no se abrió ningún órgano muscular hueco (Rivera, 2006).
Herida limpia contaminada: herida en la cual se abrió un órgano muscular hueco y existió un escape mínimo de contenido (Rivera, 2006).
Herida contaminada: es aquella herida en donde se abrió un órgano muscular hueco, existiendo escape profuso de su contenido y/o se descubrió inflamación aguda sin formación de pus (Rivera, 2006).
Se incluye en este grupo una herida traumática de fecha menor de cuatro horas, igual que operaciones llevadas a cabo con un error importante en la técnica de asepsia (Rivera, 2006).
Herida sucia: a la intervención quirúrgica se encuentra pus, o una víscera perforada. En esta categoría se incluye cualquier herida traumática producida por más de cuatro horas (Rivera, 2006).
Mecanismo y efectos del trauma
El trauma es la suma o la resta de energía de un sistema vivo. En la mayoría de los casos la energía es agregada en forma repentina al sistema, como un impacto o choque eléctrico. La gran mayoría de las injurias encontradas en la práctica son el resultado de la transferencia mecánica de energía al tejido mediante impacto. Los cambios mecánicos aparecen principalmente como deformación en el sitio de impacto con desplazamiento relativo de partes del sistema. A medida que una onda de deformación viaja a través del tejido, áreas locales enfrente de aquella pueden perder la cohesión, y la disrupción física toma lugar en algunos tejidos y no en otros (Kolata, 1996).
El grado de daño se relaciona con el nivel de transferencia energética y los tejidos reaccionan a la deformación a un ritmo de cambio que depende de la densidad tisular (Kolata, 1996).
Las heridas ocasionadas por objetos agudos son de impacto similar ya que existe aplastamiento mínimo y separación tisular por acción de una onda frontal (Kolata, 1996).
Efectos del trauma sobre la función corporal
Los estímulos proporcionados por el trauma y la cirugía, redundan en profundos cambios del ambiente celular y químico del cuerpo. La reacción global al trauma procede en los niveles sistémicos y celulares (Kolata, 1996).
La respuesta a la injuria está destinada al ofrecimiento de oxígeno y sustratos para mantener la función orgánica, conservar la homeostasis circulatoria y metabólica (Kolata, 1996).
La reacción de un organismo al trauma se ha dividido en dos fases principales: disminución y flujo. La intensidad de esa reacción es más o menos proporcional a la gravedad lesional y a la duración del proceso reparador necesario para restaurar la homeostasis normal. La fase de disminución es la reacción inmediata y persiste en tanto se requiera para preservar la vida del organismo. Durante esta fase disminuyen la tasa metabólica y el consumo de oxígeno. La fase de flujo se organiza para dirigir energía y sustratos destinados a preservar las funciones orgánicas y reparar el tejido dañado. En esta fase aumenta la tasa metabólica y el consumo de oxígeno (Kolata, 1996).
Respuesta tisular local al trauma y la cirugía
La respuesta tisular a la lesión, ya sea traumática o inducida por cirugía, comprende a la inflamación. Es un componente necesario mediante los cuales el tejido dañado o la causa incitante es eliminada y los medios para que los tejidos sean preparados para la reconstrucción y cicatrización. Aunque la respuesta varía con la etiología, todos los procesos inflamatorios se caracterizan por infiltración con leucocitos polimorfonucleares o macrófagos, exudación de líquido y proteínas como la albúmina, fibrinógeno, fibrina, diferentes proteínas de fase aguda y en algunos casos inmunoglobulinas. La infección contribuye y puede perpetuar el proceso inflamatorio, pero la patogenia es la misma sin importar la existencia de un estado infeccioso (Merton, 1996).
Cicatrización y reparación cutánea
La cicatrización de las heridas es un proceso biológico preferente. Es una combinación de eventos físicos, químicos y celulares que restauran el tejido lesionado o lo sustituyen con colágeno. La cicatrización comienza inmediatamente ocurrida la lesión o incisión.
En el proceso cicatrizal existen cuatro fases: inflamatoria, desbridamiento, reparación y maduración. La cicatrización es dinámica; varias fases se presentan de manera simultánea. Los primeros 3 a 5 días son la fase de retardo del proceso porque predominan los mecanismos de inflamación y desbridamiento y las heridas no adquieren una resistencia apreciable. Una herida comienza a cicatrizar en 5 a 8 días con el restablecimiento de la continuidad epidérmica y una proliferación de tejido conectivo desde la capa papilar de la dermis (Fossum, 2004).
La cicatrización está influida por factores del huésped, características de la herida y otros factores externos (Fossum, 2004).
Todas las heridas o incisiones cutáneas, sean cerradas con suturas o manejadas como heridas abiertas, experimentan la misma secuencia de eventos químicos y celulares (Pope, 1996)
Reparación de heridas suturadas
Una incisión suturada bajo condiciones asépticas representa el ambiente ideal para analizar la cicatrización en heridas cerradas. Si se logra hemostasis completa y los planos de tejido tienen una aposición precisa con material de sutura arreactiva, la primera evidencia de reparación se aprecia en el epitelio, ésta comienza a las horas de la lesión (Pope, 1996). La contaminación bacteriana, tejido desvitalizado, cuerpos extraños y grandes coágulos sanguíneos prolongan la reacción inflamatoria y demoran el comienzo de la reparación (Pope, 1996).
Áloe vera
El áloe vera es también conocida como sábila y forma parte de la extensa familia de las Liliáceas y del género Áloe, contiene más de 300 especies diferentes, siendo Áloe barbadensis Miller la más importante del punto de visto nutricional, farmacológico y terapéutico.
El áloe vera es una planta perenne, originaria de África, específicamente de la península de Arabia. Es una planta suculenta de cincuenta a sesenta centímetros de altura, de hojas elongadas, carnosas y ricas en agua, las cuales están agrupadas hacia el extremo, con tallos de 30 a 40 cm. de longitud, y poseen un borde espinoso dentado. Sus flores son tubulares, colgantes y amarillas. Esta planta es xerófila, o sea, se adapta a vivir en áreas de poca disponibilidad de agua y se caracteriza por poseer tejidos para el almacenamiento de agua (Vega et al, 2005).
Los términos áloe, áloe vera, aloína y extracto de áloe, se refieren a los productos finales de diferentes métodos de extraer el jugo y gel de las plantas de áloe vera (Scott et al 2002).
Las condiciones de cultivo, el clima, la forma de extracción y la edad, entre otros, hacen que difieran su composición química y, por ende, su valor nutricional y medicinal del áloe vera (Scott et al 2002).
De la planta de áloe sólo se utilizan sus hojas basales, que son recolectadas a partir de la planta adulta de 3 hasta 5 años de edad como máximo (Gampel, 2003).
De éstas se obtienen tres componentes: primero, un líquido amarillo llamado acíbar, que escurre libremente al cortar las hojas por su base, con un alto contenido de derivados inorgánicos de 1.8 dihidroxiantraquinona (aloe emodina y antraceno) más glucósidos (aloínas). Estos compuestos poseen un efecto catártico y laxante (Bautista et al, 2000).
El segundo componente que se extrae es un gel mucilaginoso, que contiene mayoritariamente agua y abundantes polisacáridos. Se obtiene del tejido parenquimatoso o pulpa de la hoja, al cual se le han atribuido efectos antiinflamatorios y se han utilizado para el tratamiento tópico de quemaduras y heridas de la piel (Bautista et al, 2000).
Y, finalmente, el aceite, que es extraído mediante solventes orgánicos, formando parte de la fracción lipídica de las hojas y que es utilizada sólo en la industria cosmetológica como un transportador de pigmento y agente sedante (Vega et al, 2005).
Además, el áloe vera contiene una gran cantidad de compuestos orgánicos e inorgánicos y de elementos como: sacáridos (glucosa, celulosa y manosa), enzimas (oxidasas y lipasas), vitaminas (niacinamida, vitaminas C, E y A), aminoácidos y minerales (zinc, cobre) (Scott et al 2002).
Propiedades curativas en la piel
Tanto en las investigaciones como por la tradición popular, se relaciona positivamente con su acción cicatrizante y antiinflamatoria. Además de las potencialidades comprobadas en su uso tópico para la protección de la piel.
La actividad biológica de este material se ha complementado a los carbohidratos (polisacáridos), que están compuestos aproximadamente por el 20% de los sólidos totales de las hojas del áloe. Además se ha demostrado que unas 20 proteínas de distintas clases, asociadas con el polisacárido, contribuyen a la actividad farmacológica en la estimulación de la proliferación celular y otras posibles actividades tales como la antinflamatoria y la antiulcerativa (Gampel, 2003).
Su uso externo se usa para cicatrizar heridas, desinfectante y astringente, del cual su actividad es la estimulación y reproducción de fibroblastos en los cultivos de tejidos. Estos fibroblastos juegan un papel fundamental en la cicatrización de quemaduras, heridas y úlceras (Rodríguez et al, 2006).
Al estar presente el acemanano, en el extracto del gel de áloe, se ve favorecida la cicatrización de heridas, ya que potencia la neovascularización, crecimiento y motilidad de la epidermis, y depósito de colágeno. Asimismo, el acemanano puede unirse a factores de crecimiento prolongando sus efectos estimulantes sobre la formación de tejido de granulación (Fossum, 2004).
La alantoína, otro componente del extracto de áloe, estimula la reparación tisular en heridas supurativas y úlceras resistentes, promoviendo el crecimiento epitelial (Fossum, 2004). El calcio, potasio y celulosa presentes en la hoja de áloe, provocan en las lesiones la formación de una red de fibras que aseguran las plaquetas ayudando así a la coagulación y cicatrización (Gampel, 2003).
En situaciones donde la curación de heridas se ve afectada y retardada, por ejemplo diabetes, el áloe es especialmente eficaz. No sólo disminuyendo el tiempo de curación de las lesiones, sino que mejora el flujo sanguíneo y mantiene una mayor sensibilidad en la zona lesionada en comparación con otros tratamientos (Gampel, 2003).
El áloe vera, ingerido o en aplicación externa, está indicado para todo tipo de lesiones epidérmicas, incluidas las quemaduras ya que también reducen el dolor (Gampel, 2003).
El gel del áloe aumenta el correcto entrelazado de las fibras de colágeno sobre la zona lesionada debido a la regeneración celular y tisular promovida por las glicoproteínas. La reepitelización y angiogénesis es favorecida por la alantoína, y el efecto antiinflamatorio y antimicrobiano de los polisacáridos y compuestos fenólicos que reducen la migración e infiltración de leucocitos, la liberación de histamina con la síntesis y secreción de leucotrienos (Gampel, 2003).
En diversas enfermedades dermatológicas el uso de áloe vera ha sido recomendado. Su uso externo está indicado en psoriasis, dermatitis, acné, prurito, excoriaciones, afecciones ano rectales, heridas de diferente gravedad y profundidad (González et al, 2004).
El acemanano es una sustancia producida por el organismo hasta antes de la pubertad, posterior a esta etapa del crecimiento, solo es absorbida a través de los alimentos. Su presencia aumenta la resistencia inmunológica del organismo contra parásitos, virus y bacterias causantes de enfermedades (Vega et al, 2005).
Propiedades antiiflamatorias
El extracto de áloe vera gel es capaz de inhibir a la enzima ciclooxigenasa, enzima que participa en la síntesis de prostaglandinas, las cuales tienen un papel muy importante como mediadores químicos de la inflamación, al ser liberados por el tejido lesionado produciendo eritema e hiperalgesia. Del mismo modo la bradicinina es otro de los mediadores que participa en el proceso inflamatorio produciendo dolor y liberación de las prostaglandinas. El gel del áloe contiene un material anti-bradicinina, el cual posiblemente bloquea total o parcialmente la participación de la bradicinina inhibiendo los procesos inflamatorios y del dolor (Bautista et al, 2000).
Se encuentran variados niveles de ácido salicílico y lactato de magnesio (que disminuyen la producción de la histamina), y posee actividades antiprostaglandinas e inhibidoras de las proteasas y tromboxanos (Scott et al, 2002).
El Emú
El emú es del orden Casuariformes y de la familia Dromaiidae, su nombre científico Dromanius novaehollandiae. El emú es un ave corredora australiana no amenazada, que puede alcanzar los dos metros de altura y pesar 50 Kg. se caracteriza por acumular gran cantidad de grasa para subsistir durante el período de incubación de los huevos (Masson, 2007). Está completamente protegida en tanto fauna indígena como en todos los Estados y Territorios Australianos, pero está considerado como plaga en el Oeste de Australia, donde el Gobierno ha sido llevado a autorizar su eliminación en el marco del control de plagas (Fao.org, 2007).
La cría del emú apunta a proveer de carne, pieles y subproductos tales como el aceite y las plumas. La grasa del emú es recuperada para producir un aceite utilizado en los cosméticos y que es eficaz en el tratamiento de los dolores musculares, articulares, y usada en dermatología en afecciones a la piel (Fao.org, 2007).
El aceite de emú es de tipo insaturado, de alta penetración e hipoalergénico. Sus características naturales y similares al aceite humano, lo han convertido en un método alternativo y eficaz tanto para fines cosméticos como terapéuticos (Hernández, 2005).
El aceite de emú es un emoliente que lubrica, ablanda y suaviza la piel. Reduce la pérdida de agua transepidérmica y produce humectación. El aceite de emú es indicado en tratamientos de piel seca, ya que incrementa el contenido de agua del estrato córneo (Ventura, 2007).
Presenta tres ácidos grasos (Oleico, Palmítico, Linoleico) se combinan en este aceite de penetración profunda en la epidermis para estimular células nuevas de la piel, reduciendo o atenuando marcas (quemaduras, arrugas, estrías, cicatrices y enfermedades de la piel) (Hernández, 2005).
El “emú oil” (conocido así en el mundo), es un aceite que tiene la propiedad de penetrar profundamente en la piel, lo cual lo convierte en un excelente vehículo para transportar la elastina y el colágeno por las diferentes capas de la dermis y así repara y ayuda a mejorar los daños provocados por las estrías, mejorándolas notablemente (Hernández, 2005).
Estudios lipídicos sobre el aceite, indica una composición muy similar a la piel humana. El alto contenido de ácido Oleico es la causa del elevado poder de penetrabilidad del aceite a la piel (Ventura, 2007). Los ácidos grasos presentes en el aceite de emú, fueron clasificados según la longitud de la cadena, por el número de enlaces dobles, y/o puntos de la no saturación en la cadena (Craig-Schmidt et al, 1994). Estos fueron estudiados por cromatografía de gas y se encontraron en alta concentración, estos ácidos grasos son no polares y son monoinsaturados de cadena corta, esto explica la capacidad del aceite del emú de penetrar fácilmente a través de la barrera del estrato córneo (Zemtsov, 1994). Otros estudios que utilizaron la cromatografía de capa delgada (TLC), encontraron que el aceite de emú está libre de fosfolípidos, esto ayuda penetrar fácilmente a la piel (Zemtsov, 1994). El aceite ha demostrado poseer elevada tolerancia a la aplicación cutánea (Ventura, 2007).
La administración tópica o parenteral del aceite de emú estimula la proliferación de la epidermis, y está indicado para tratar las arrugas de la piel envejecida o piel foto-dañada en humanos. Aplicado tópicamente estimula la melanogenesis en la piel y favorece el crecimiento del pelo. Así, el aceite del emú es útil para tratar desórdenes como, hipopigmentación, alopecias y alopecias inducidas por la quimioterapia (Holick, 1998). En quemaduras, la utilización de aceite de emú, favorece a la re-epitelización y epitelización con diferenciación de capas epidérmicas y proliferación de las células de la reparación en tejidos finos (Gong et al, 2005).
PRESENTACIÓN DE RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Se realizó un análisis de la evolución macroscópica y fotográfica de las heridas quirúrgicas originadas por ovariohisterectomía ventrodorsal. Estas heridas fueron tratadas durante los días que duró el tratamiento tópico al grupo experimental con aceite puro de emú y al grupo control con áloe vera. Se utilizó un rango máximo para este estudio de 15 días de tratamiento, ya que según Cotran et al, (2004), a los 15 días post lesión se inicia el proceso prolongado de blanqueamiento, debido al depósito creciente de colágeno en el seno de la cicatriz y a la regresión de los conductos vasculares.
Las incisiones que se realizaron a estos pacientes fueron suturadas bajo condiciones asépticas, representando un ambiente ideal para analizar la cicatrización en heridas cerradas. Por su parte, Pope en el año 1996 postuló que si se logra una hemostasis completa y los planos de tejidos poseen una aposición precisa con material de sutura arreactiva, existirían escasas bacterias y tejido desvitalizado, con lo que la reacción inflamatoria remitiría con rapidez y estarían las condiciones propicias para comenzar con la reparación tisular. Las heridas quirúrgicas bajo estas condiciones se denominan cicatrización primaria o por primera intención, ya que la incisión sólo causa una interrupción focal de la continuidad de la membrana basal epitelial y la muerte de un número relativamente escaso de células epiteliales y tejido conjuntivo.
La primera evaluación que se realizó a las lesiones quirúrgicas fue el día 7 de tratamiento. Si bien la cicatrización comienza inmediatamente después de ocurrida la incisión, los primeros 3 a 5 días son la fase de retardo del proceso cicatrizal, porque predominan los mecanismos de inflamación y desbridamiento, a su vez, las heridas no adquieren una resistencia apreciable (Fossum, 2004).
En las heridas quirúrgicas, las cuales fueron suturadas con buena aposición entre los bordes, con traumatismo mínimo y bajo condiciones asépticas, no existió un defecto para ser llenado por el tejido de granulación y, por lo tanto, cicatrizaron por primera intención de manera apropiada (Fossum, 2004).
La evaluación de la cicatrización de las heridas tratadas durante todo el estudio a través de la observación de parámetros como costra, humedad de la herida y presencia de exudados, no pudieron ser evaluados como tal, ya que la frecuencia de la aplicación y la presentación de los productos (gel y aceite) hacían que clínicamente indujeran a error.
Resultados aplicación de aceite puro de emú
Según lo evaluado tras el estudio de la cicatrización de heridas quirúrgicas en caninos con aplicación de aceite puro de emú, se evidenció una recuperación del trauma quirúrgico al séptimo día del tratamiento, ya que la viabilidad tegumentaria resultó favorecida por lo que fue examinado en la inspección clínica y fotográfica de la lesión, ya que los pacientes no presentaron sangrado, coloración azul o púrpura, ni presencia de exudación purulenta o infección. La herida mantuvo la apariencia limpia y sin mal olor, tal como indica Fossum, (2004) respecto a la viabilidad tisular.
Al cabo del séptimo día, las heridas de los pacientes se presentaron en la fase de maduración, ya que se observó en la línea de la incisión quirúrgica un blanqueamiento debido al depósito de colágeno y a que la cicatriz se tornó blanca, dura y de aspecto aplanado. Según lo descrito por Scott (2002), Cotran (2004) y Fossum (2004) respectivamente, el número de capilares en el tejido disminuye haciendo que la cicatriz empalidezca y entre en la fase de maduración. De acuerdo con los autores mencionados, esta fase debería ocurrir en la segunda semana post lesión, pero en los casos analizados tras la aplicación del producto natural, esto acaeció en el séptimo día. Por lo tanto se cumplió el objetivo de acelerar la cicatrización.
Hernández, (2005) justifica esta diferencia diciendo que el aceite de emú presenta tres ácidos grasos (oleico, palmítico y linoleico) que favorecen una penetración profunda del aceite en la epidermis y estimula células nuevas de la piel, reduciendo o atenuando cicatrices, quemaduras y enfermedades de la piel.
Por otra parte, la síntesis del colágeno fue adecuada, lo que concuerda con Rivera, (2006), quien plantea que las primeras fibras de colágeno aparecen 4 ó 5 días después de la lesión, y rápidamente el espacio de la herida se llena de pequeños haces de fibras orientados al azar, los cuales aumentan gradualmente de volumen y producen una estructura densa y masiva de colágeno –la cicatriz– que unen firmemente los bordes de los tejidos seccionados. Luego, en la fase de maduración existe una reducción gradual del colágeno tipo III y aumento del tipo I (Fossum, 2004).
Otro aspecto relevante es que la lesión presentó a lo largo del tratamiento tópico una coloración rosada pálida normal provocada por la neovascularización en su máxima expresión (Cotran et al, 2004).
La disminución del tamaño de la herida se debe a que el aceite de emú posee acciones antiiflamatorias, lo que reduciría el retraso normal de la cicatrización provocada por los mediadores químicos de la inflamación, dando origen tempranamente a las fases de cicatrización, originando como resultado una reducción del tamaño de la herida (Hernández, 2005).
El aceite de emú tiene también la propiedad de penetrar profundamente en la piel, lo cual lo convierte en un excelente vehículo para transportar la elastina y el colágeno por las diferentes capas de la dermis y así reparar y ayudar a mejorar los daños provocados en la disrupción tisular (Hernández, 2005).
Entre las propiedades del aceite puro de emú, según los estudios realizados por Holick, 1998 y Gong et al, (2005), donde describen que la administración tópica, estimula la proliferación de la piel favoreciendo a la re-epitelización y epitelización con diferenciación de capas epidérmicas y proliferación de las células de la reparación de tejidos.
Al medir las heridas nuevamente el día 15 de tratamiento, no se observaron disminuciones en el tamaño de las heridas en sus longitudes, lo que Fossum (2004), describe que durante las fases de la maduración lesional y cicatrizal, comienzan una vez que el colágeno ha sido depositado en forma total y pueden continuar durante varios años.
Al término del tratamiento (día 15), las heridas siguieron su curso normal de maduración, y se evidencia una herida más seca, con menor vascularización, debido al tejido cicatrizal presente en las heridas que están formadas por un tejido conjuntivo celular recubierto por una epidermis prácticamente normal. No obstante, pese a las mejoras experimentadas gracias al aceite de emú, el tejido destruido en la línea de la incisión no se recuperó en su totalidad.
Según los resultados obtenidos mediante los métodos estadísticos, el tratamiento realizado con aceite de emú es significativamente superior a los resultados obtenidos con áloe vera gel.
En el total de pacientes estudiados no figuraron heridas con algún tipo de reacción adversa, infecciones, prurito o intolerancia a la aplicación del producto. Todos estos antecedentes fueron recabados en las visitas control (días 7 y 15 de tratamiento) y según lo descrito por los propietarios de los pacientes en el momento de las visitas.
Resultados aplicación de extracto de áloe vera gel
Se realizó el mismo análisis del aceite de emú, sobre la evolución macroscópica y fotográfica de las heridas quirúrgicas, obteniéndose los siguientes resultados:
Tras el estudio del grupo control aplicando áloe vera gel en las heridas provocadas por la cirugía, se obtuvo como resultado 0% en la reducción de estas, no dando lo esperado, que era un porcentaje significativo en la reducción del tamaño de la herida, debido que en las dos semanas de estudio conjuntamente con la valoración, no se registró ninguna disminución tanto en la extensión como en el diámetro de la herida en la evaluación registrada los días 1, 7 y 15.
El tratamiento con este segundo producto natural sí aceleró el proceso de cicatrización, ya que al cabo del séptimo día las heridas de los pacientes se presentaron en la fase de maduración, y se observó en la línea de la incisión quirúrgica un blanqueamiento debido al depósito de colágeno y a que la cicatriz se tornó blanca, dura y de aspecto aplanado. Según lo descrito por Scott (2002), Cotran (2004) y Fossum (2004) respectivamente, esta fase debería ocurrir recién en la segunda semana post lesión, sin embargo, la acción del áloe vera gel adelantó este proceso al día 7.
Esto concuerda con Fossum (2004) y otros autores, quienes sostienen que el áloe vera contiene en su gel el acemanano, un componente que promueve la cicatrización de las heridas y favorece el depósito de colágeno, estimula a los macrófagos a secretar las citocinas e interleucina-1 y factor de necrosis tumoral, los cuales potencian la proliferación fibroblástica, neovascularización, crecimiento, motilidad de la epidermis, y depósito de colágeno. La alantoína, también presente en el extracto del gel de áloe, estimula la reparación tisular de las heridas promoviendo el crecimiento epitelial.
El gel del áloe aumenta el correcto entrelazado de las fibras de colágeno sobre la zona lesionada debido a la regeneración celular y tisular promovida por las glicoproteínas (Gampel, 2003).
Durante los 15 días de estudio, no se evidenciaron procesos inflamatorios, tal como lo describió Scott en el año 2002, al asegurar que el áloe vera presenta propiedades antiprotaglandinas y antitromboxano que son beneficiosas en el mantenimiento de la permeabilidad vascular y, por ello, colaboran previniendo la isquemia dérmica. Las propiedades antiiflamatorias se deben a la presencia del ácido salicílico, a la actividad antibradicininasa (reducción del dolor, edema y eritema) y a que contiene lactato de magnesio (reduce la producción de histamina).
El mismo autor describe que el áloe vera tiene presente en su gel propiedades antimicrobianas que inhiben, al menos, el desarrollo de las bacterias Staphylococcus aureus, Pseudomonas aeruginosa, lo que reduce las posibilidades de tener procesos infecciosos y retrasar los procesos de cicatrización.
Según los datos entregados por los propietarios de los pacientes, éstos no presentaron sensaciones dolorosas al momento de la aplicación del producto. Esto se debe a que el extracto de áloe vera gel es capaz de inhibir a la ciclooxigenasa 1 y 2, enzima que participa en la síntesis de prostaglandinas, las cuales tienen un papel muy importante como mediadores químicos de la inflamación al ser liberados por el tejido lesionado, produciendo eritema e hiperalgesia. Del mismo modo, la bradicinina es otro de los mediadores que participa en el proceso inflamatorio produciendo dolor y liberación de las prostaglandinas (Bautista et al, 2000), la cual es inhibida por el extracto de áloe vera.
El producto natural tiene la capacidad de penetrar y anestesiar el tejido (Fossum, 2004).
La presentación del gel de áloe vera fue de fácil administración, ya que al ser aplicado con movimientos rotatorios en la piel del paciente no dejó residuos pegajosos en la herida. Su presentación es de gel transparente e incoloro y no graso, por lo tanto, no tuvo complicaciones al inicio y/o término de la aplicación.
CONCLUSIONES
La aplicación del gel de áloe vera durante los 15 días que duró el tratamiento tópico como agente cicatrizante, aceleró la regeneración de la piel de las heridas y permitió que la cicatrización ocurriese en forma temprana, sin embargo no reduce el tamaño de las heridas, a lo menos por un periodo mínimo de 15 días. Y su promedio de reducción es del 0%.
La aplicación del aceite puro de emú durante los 15 días que duró el tratamiento tópico como agente cicatrizante, aceleró la regeneración de la piel, permitió que la cicatrización ocurriese en forma temprana y redujo el tamaño las heridas de manera significativa dando como promedio un total de reducción del 32.4%.
Según el resultado demostrado estadísticamente con la prueba de Dócima de Hipótesis y comprobado con t de Student, el tratamiento realizado con aceite de emú con un 5% de error es significativamente superior al tratamiento con áloe vera gel.
Los propietarios de los pacientes manifestaron su gratitud y conformidad ante los resultados obtenidos con el tratamiento natural a sus mascotas.
Ambos productos naturales utilizados en este estudio, demostraron que su aplicación tópica permite una adecuada cicatrización sin reacciones adversas ni intolerancias por parte del paciente.
El problema que conlleva el uso del aceite de emú como cicatrizante tópico, es su alto costo.
Para que los resultados de los tratamientos con áloe vera y aceite de emú sean óptimos es necesario que la presentación de ambos productos sean lo más natural posible y en una concentración del 100%. Ya que la adhesión de otras sustancias, podrían modificar sus propiedades.
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Autor: Dr. Claudio Simón C. MV
Diplomado Medicina Pequeños animales Universidad De Chile
Pasantía en Dermatología Universidad de Sao Paulo Brasil.
Clínica Veterinaria Full Animals.
clausimon@fullanimals.cl